domingo, 13 de mayo de 2018

¿Síncope o crisis epiléptica? La regla10/20 puede dar la clave



La pérdida transitoria de conciencia es un evento clínico muy común, que llega a afectar hasta la mitad de la población en algún momento de su vida. El síncope vasovagal, producido por una falta de perfusión cerebral transitoria, es su causa más común. Durante estos síncopes se dan fenómenos clínicos que pueden hacer pensar en una crisis epiléptica como las sacudidas bruscas de los brazos o piernas que denominamos mioclonías, por lo que en muchas ocasiones no es fácil distinguir un fenómeno del otro.

En un reciente artículo publicado en la revista Neurology, investigadores holandeses han estudiado a fondo las características clínicas de los síncopes en comparación con las producidas durante crisis epilépticas. Para ello analizaron las imágenes de síncopes inducidos con el test de la mesa basculante y las compararon con las de crisis convulsivas, 


La postura más frecuente que se observó en el síncope fue la anteflexión del hombro, la flexión del codo y la rotación externa sutil simultánea del hombro y la supinación de la muñeca. Las mioclonías  y las posturas tónicas eran comunes en el síncope apareciendo en el 51% y en el 65% de los síncopes, estando presentes en todas las crisis. Sin embargo, la semiología de los episodios difería en el número de sacudidas mioclónicas. El 97% de los síncopes presentaron menos de 10 mioclonías mientras que un recuento de más de 20 sacudidas mioclónicas fue muy específico para las convulsiones. De ahí derivan los autores la llamada por ellos "regla 10/20”, análoga al sistema de medición internacional para la colocación de los electrodos en el EEG. 
La pérdida de tono sólo se vio en el síncope. Las correlaciones EEG implican que las sacudidas en el síncope son probablemente de origen cortical, mientras que las posturas tónicas pueden ser el resultado de la desinhibición del tronco encefálico.


Los mecanismos fisiopatológicos que subyacen a los fenómenos del síncope aún no se conocen por completo. Las alteraciones en el sistema nervioso autónomo conducen a un gasto cardíaco, vasodilatación y bradicardia reducidos, lo que finalmente resulta en presión arterial baja e hipoperfusión cerebral. Las correlaciones encontradas en el EEG sugieren que las sacudidas en el síncope son probablemente de origen cortical, mientras que las posturas tónicas pueden ser el resultado de la desinhibición del tronco encefálico.

Para saber más:

1. Shmuely S, et al. Differentiating motor phenomena in tilt-induced syncope and convulsive seizures. Neurology. 2018;90:e1339–e1346. http://www.neurology.org/lookup/doi/10.1212/WNL.0000000000005301


domingo, 22 de abril de 2018

¿Pueden los dispositivos electrónicos aumentar la fiabilidad en el diagnóstico de las crisis epilépticas?

En la práctica clínica, los médicos confiamos en los diarios de crisis de nuestros pacientes para manejar la epilepsia. Sin embargo, esta información es a menudo incompleta: menos de la mitad de las personas con epilepsia podría documentar con precisión el número de sus crisis y más de la mitad de las crisis registradas durante el vídeoEEG no son reportadas por los pacientes.
Lógicamente, este registro insuficiente de las crisis que realmente sufre una persona con epilepsia, tiene implicaciones en cuestiones claves del manejo de la epilepsia a nivel individual, tales como en el ajuste de medicamentos antiepilépticos o el poder conducir legalmente. Además este factor también está presente en los ensayos clínicos que sacan nuevos medicamentos al mercado, y afectan negativamente su poder estadístico.
Esta reflexión es especialmente oportuna cuando se valoran los nuevos dispositivos electrónicos destinados a la detección de crisis que podrían dar luz a esta franja oscura en los calendarios de crisis.
Un reciente artículo publicado en Lancet Neurology revisa las tecnologías actuales que permiten detectar crisis mediante el uso de análisis de movimiento y cambios autonómicos (aumento de la frecuencia cardíaca, oxígeno en la sangre o saturación, sudoración y cambios en la presión arterial), o una combinación de estas medidas.
Actualmente, tan solo las crisis bilaterales tónico clónicas, las típicas convulsiones tonicoclónicas generalizadas se pueden detectar de manera fiable con dispositivos que miden el movimiento (por ejemplo, acelerometría) y actividad muscular (p. ej., electromiografía de superficie).


El problema fundamental de todos estos sistemas de detección disponibles comercialmente, es que no están basados ​​en la medida de la función cerebral, que es la más crítica para la epilepsia, y medible a través del EEG. Las grabaciones de EEG son usualmente obtenidas en el ambiente hospitalario. El registro ambulatorio de EEG también es posible, pero estas grabaciones generalmente tienen una duración limitada, no más de 24-72 h y requieren un mantenimiento más intensivo. Además su visibilidad les hace menos atractivos que otros métodos electrónicos en pulseras o teléfonos móviles, que son más fáciles de camuflar y percibidos como menos estigmatizantes.
El reciente desarrollo de microelectrodos especiales retroauriculares (véase http://www.epilepsiamadrid.com/2016/01/31/un-eeg-portatil-para-registrar-crisis-en-casa/) o los recientemente presentados aparatos de magnetoencefalografía portátiles constituyen un atractivo posible desarrollo en el futuro, pero aún lejos de tener representación en la actualidad.
Una medida para paliar este problema de poder detectar todo el espectro de manifestaciones clínicas de las crisis epilépticas y no solo de las tónico-clónicas consiste en combinar diferentes señales fisiológicas, es decir una medición multimodal de bioseñales para poder aumentar la sensibilidad y especificidad en la detección de estos eventos.
Por ello, el conocimiento de las características de las crisis de una determinada persona será muy importante para seleccionar las bioseñales que pueden ser medidas con un dispositivo portátil para proporcionar una óptima detección de las crisis.
Hay mucho interés para poder adaptar teléfonos o relojes inteligentes con capacidad de detección de diversas señales biológicas (p. ej., electrocardiogramas, detección de movimiento, electromiografía). Se espera que en los próximos 5 años, estén disponibles dispositivos portátiles basados ​​en teléfonos inteligentes para medir varias bioseñales simultáneamente, incluido el EEG. Tales dispositivos cumplen características ideales para este propósito, como las de ser pequeños, discretos y cómodos de usar día y noche para períodos prolongados, lo que permitiría la grabación contínua de EEG y, por lo tanto, la documentación de cualquier crisis, incluso en un entorno basado en el hogar.
Sin embargo, es muy importante considerar que proporcionar detección sin la capacidad de ayudar a las personas que sufren el ataque epiléptico no es suficiente, como lo muestra una muerte reciente debida a SUDEP cuando un cuidador llegó a ver a un paciente 15 minutos después de la detección de la crisis....Tristemente, demasiado tarde.
El almacenamiento de los datos generados por estos dispositivos móviles y su almacenamiento en servidores en la nube ha hecho que su uso colectivo y anonimizado pueda ser analizado y utilizado para diseñar modelos estadísticos de la frecuencia y periodicidad de las crisis que puedan proporcionar información muy valiosa sobre la carga que conlleva este diagnóstico y su tratamiento y que sean útiles para el diseño y análisis de ensayos clínicos. Sin embargo, todas estas posibilidades abren nuevas incertidumbres sobre la regulación de su uso y la posible vulneración de los derechos de privacidad, que pueden generar desconfianza entre los usuarios de estos dispositivos.

Para saber más:

1.- Elger CE et al, 2018. Diagnostic challenges in epilepsy: seizure under-reporting and seizure detection. Lancet Neurology.
http://www.thelancet.com/journals/laneur/article/PIIS1474-4422(18)30038-3/abstract

2.- Parra J. La epilepsia en la sociedad tecnológica. Revista del Grupo de Epilepsia SEN, Nº 16:
https://issuu.com/epilepsiasen/docs/revepilepsia16

3.- Krauss GL, Ryvlin P. Non-EEG seizure detection is here. Neurology. 2018;90:207–208. 

domingo, 8 de abril de 2018

¿Tienen utilidad las técnicas de reducción del estrés para controlar mejor la epilepsia?

Nuevas investigaciones muestran que técnicas de reducción del estrés pueden reducir la frecuencia de las crisis epilépticas en pacientes con epilepsia resistente a los medicamentos.

Así lo demuestran los datos de un reciente artículo de la revista Neurology.
Este estudio es el primer ensayo controlado aleatorio doble ciego de una intervención de reducción del estrés en personas con epilepsia resistente a medicamentos. Los  investigadores asignaron aleatoriamente a adultos con crisis focales resistentes a medicamentos a participar en una de dos intervenciones: una de relajación muscular progresiva (PMR) con respiración diafragmática y una serie de ejercicios sistematizados de tensión y relajación en varios grupos musculares.

La intervención de atención enfocada o concentración se consideró como el control. Los participantes practicaron una serie de movimientos similares a los de la PMR, pero sin la relajación muscular sistemática. También se involucraron en otras tareas de atención, como escribir actividades del día anterior.
Tras 12 semanas, las personas de ambos grupos experimentaron una mejora porcentual global similar en los recuentos de crisis (29% en el grupo de PMR frente a 25% en el grupo de atención enfocada) y la PMR fue más efectiva que la atención enfocada en la reducción del estrés.
Estos hallazgos son estimulantes y positivos, porque el tratamiento de la epilepsia necesita de intervenciones nuevas ya que, a pesar de los avances en la farmacoterapia, al menos un tercio de las personas con epilepsia continúan experimentando crisis.

Esto ha llevado a un creciente interés en las “intervenciones conductuales", ya que el estrés es un desencadenante de crisis reportado en personas con epilepsia. Investigaciones previas ya apuntaron los buenos resultados asociados con mindfulness o intervenciones conductuales /véase también http://www.epilepsiamadrid.com/2016/03/06/la-eficacia-del-mindfulness-para-personas-con-epilepsia/) aunque quizás con mayores limitaciones metodológicas que los datos presentados en este estudio.

Para saber más:

1-Haut, S. et al. (2018). Behavioral interventions as a treatment for epilepsy. Neurology, 90(11), e963–e970. http://doi.org/10.1212/WNL.0000000000005109

jueves, 29 de marzo de 2018

¿Cuál es el riesgo de estar envueltos en un accidente de circulación en personas con epilepsia?

El transporte constituye un desafío importante principalmente para las personas con epilepsia y sus familias, pero también para los médicos y compañías aseguradoras. La razón de las restricciones legales y sociales impuestas a las personas con epilepsia es el riesgo que presentan las crisis, en relación con accidentes de vehículos de motor. Las regulaciones aspiran a lograr un equilibrio entre la seguridad pública frente a la promoción de oportunidades y una calidad de vida óptima para las personas con epilepsia, pero sus detalles están sujetos a debate.

Esto es debido a la falta de datos científicos consistentes y fiables con respecto a la magnitud y severidad de estos riesgos. De hecho, el fundamento de los estándares seguros para conducir se determina generalmente en función del riesgo de recurrencia de las crisis después de un período definido de libertad de crisis y no del riesgo real de que una crisis epiléptica pueda llevar a un accidente.

Un reciente estudio llevado a cabo en Suecia y publicado en la revista oficial de la Academia Americana de Neurología, Neurology, aporta nuevos datos útiles para valorar los riesgos de transporte entre las personas con epilepsia.
El estudio es una de las series más grandes publicadas hasta la fecha que abordan los riesgos de accidentes graves de transporte para personas con epilepsia. "Grave" se define como tener una visita de emergencia en un hospital o fallecimiento. Este estudio es especialmente importante porque incluye tanto accidentes de vehículos de motor como accidentes de bicicletas y peatones. Además, el estudio analiza la posible asociación del riesgo de accidente con la toma (o no) de fármacos antiepilépticos y también ajusta el riesgo con la posible comorbilidad psiquiátrica, que a su vez puede jugar un papel en el riesgo de accidentes.

En este estudio de cohorte nacional de más de 29.000 personas con epilepsia, se encontró un 37% más de riesgo de accidentes serios. El aumento del riesgo fue especialmente alto en ciclistas y peatones. No se encontró asociación entre el tratamiento con fármacos antiepilépticos y este riesgo. Los autores concluyen que el riesgo de accidentes de transporte es modestamente mayor para personas con epilepsia en comparación con sujetos sin epilepsia. El exceso de riesgo fue, en general, similar a lo que se ha informado en algunos estudios previos de personas con epilepsia, así como de personas con otros trastornos médicos crónicos (como por ejemplo diabetes).

El aumento en el número de accidentes por año en individuos con epilepsia fue de 297. En comparación con los sujetos controles, las personas con epilepsia tenían un 1,37 veces más riesgo de estar involucrados en accidentes de transporte graves y 1,31 veces más en accidentes automovilísticos.
El riesgo de estar involucrado en un accidente serio con peatones se multiplica por 2,2 entre los pacientes con epilepsia.

Los accidentes con bicicletas en la población general son un problema creciente a medida que el ciclismo se vuelve cada vez más popular, lo que probablemente sea cierto también para personas con epilepsia. El riesgo encontrado en este estudio para personas con epilepsia es de 1,68 veces más de verse envuelto en accidentes de bicicleta.

Quizás lo más importante es que el estudio proporciona no solo medidas relativas de riesgo sino también el riesgo real acumulado por persona por año, información crítica que ayuda a dar claridad en el mundo real al modesto aumento de riesgo observado. Aunque la gravedad de los accidentes no es discernible, la proporción de accidentes con resultado de muerte fue levemente menor en las personas con epilepsia (6/1.000) que en los controles (10/1.000).

A pesar de su robustez, el estudio también presenta limitaciones. La utilización de una gran base de datos administrativa limitó la capacidad de los autores para determinar el alcance de las lesiones o su naturaleza completa, y si la persona con epilepsia era el conductor, pasajero o peatón. Lo más importante es que, como en muchos estudios similares, los autores no pueden determinar si fue una crisis epiléptica la que causó el choque o el accidente, sino solo que se produjo un choque o una lesión. Es importante tener en cuenta que para las personas con epilepsia, al igual que para la población en general, la causa más común de un accidente automovilístico es el error del conductor.

Este tipo de estudios de riesgo tienen en potencia, la capacidad de ayudar a validar los efectos reales de cambios específicos de políticas o regulaciones. Sin embargo, incluso con datos de riesgo válidos, todos, la sociedad en general, debemos enfrentarnos a la difícil tarea de determinar qué son y cómo definir riesgos aceptables.

Esto requerirá la colaboración entre científicos y entidades legales y gubernamentales. Otra gran posibilidad en desarrollo tiene que ver con las nuevas tecnologías y su impacto en la conducción de vehículos. Por ejemplo, los automóviles con conducción inteligente o autónoma están en nuestro futuro más próximo y serían muy beneficiosos para el transporte de personas con limitaciones para conducir, como la epilepsia. El transporte público sigue siendo una alternativa práctica importante y necesaria. Nuestra sociedad no necesita demorarse esperando nuevas tecnologías, pero debería estar haciendo mucho más para facilitar el transporte asistido para personas con discapacidades como sufrir epilepsia.

Para saber más:
  1. Sundelin HEK, et al. Epilepsy, antiepileptic drugs, and serious transport accidents. Neurology. Epub 2018 Feb 28.:10.1212/WNL.0000000000005210–9.

domingo, 18 de marzo de 2018

¿Porqué las personas con epilepsia deben tomar suplementos de vitamina D con más frecuencia que otras personas?


La salud ósea está comprometida en personas con epilepsia por la disminución de la densidad de masa ósea con aumento del riesgo de fracturas. Este riesgo es especialmente mayor en personas que toman fármacos antiepilépticos (FAEs) inductores enzimáticos del hígado (como carbamazepina o fenitoína), aunque también en otros que no lo son, ya que estos fármacos disminuyen los niveles de vitamina D biológicamente activos.

La deficiencia de vitamina D se ha definido como un nivel en sangre <20 ng/ml e insuficiencia como <30 ng/ml. En los estudios revisados en un reciente metaanálisis publicado en la revista Epilepsia, el órgano oficial de la Liga Internacional contra la Epilepsia, las personas con epilepsia tenían niveles séricos más bajos de vitamina D y calcio, hasta dos veces más que personas sin tomar FAEs.

La vitamina D no se ingiere con alimentos, sino que se genera con la luz solar. De ahí que haya grandes variaciones geográficas, con niveles basales más altos de vitamina D en India y España en comparación con los 3 estudios que tomaron lugar en Alemania,  Finlandia y los Estados Unidos.
En los estudios revisados, las personas con epilepsia generalmente tenían niveles elevados de fosfatasa alcalina y PTH, que son marcadores de recambio y destrucción ósea asociados con fracturas osteoporóticas que disminuyeron después del tratamiento con vitamina D.

El tratamiento con vitamina D, especialmente por periodos prolongados de 6 meses, encontró importantes mejoras en la morfología y mineralización ósea, si bien los métodos de medición de estos efectos beneficiosos son muy variables entre estudios. También se necesitan estudios a largo plazo que exploren las dosis de vitamina D óptimas.

Además de sus efectos positivos sobre la salud ósea, dosis elevadas de vitamina D parecen ayudar a mantener la flexibilidad y elasticidad de las arterias en algunas personas, lo que potencialmente podría prevenir futuros ictus y ataques cardíacos, según los resultados de una reciente investigación.

Para saber más:
1.-Fernández, H. et al. (2018). Vitamin D supplementation for bone health in adults with epilepsy: A systematic review. Epilepsia, 46, 31. http://doi.org/10.1111/epi.14015

2.- Raed, A., et al. (2017). Dose responses of vitamin D3 supplementation on arterial stiffness in overweight African Americans with vitamin D deficiency: A placebo controlled randomized trial. PloS One, 12(12), e0188424. http://doi.org/10.1371/journal.pone.0188424

sábado, 10 de marzo de 2018

¿Cuáles son los ritmos internos que marcan la ocurrencia de las crisis?


Uno de los aspectos más discapacitantes que mencionan repetidamente las personas con epilepsia es la aparente impredicibilidad en la aparición de las crisis que, salvo en pacientes con epilepsias reflejas en los que la presencia de un estímulo desencadenante es identificable, pueden ocurrir cuando menos se lo espera uno.

Nuestro ritmo circadiano (día/noche) gobierna muchas de nuestras actividades diarias, desde cuando dormimos y nos despertamos o cuando tenemos hambre. Y también influye la aparición de determinados tipos de crisis en algunas epilepsias. Sin embargo, no toda la actividad biológica humana ocurre en un ciclo de 24 horas. Hay otros relojes maestros en el organismo que controlan los procesos que ocurren en un marco de tiempo más largo, de semanas o meses.

Recientemente se han descubierto ciclos de actividad cerebral que incluyen varios días (ciclos multidianos) en el orden de semanas o meses relacionados con un mayor riesgo en la ocurrencia de crisis epilépticas. Estos hallazgos han sido publicados recientemente en la revista Nature Communications, y abren nuevas perspectivas para poder desarrollar técnicas que permitan anticipar periodos en los que el riesgo de sufrir crisis epilépticas sea mayor y permita a las personas con epilepsia estar preparadas.

El nuevo estudio, basado en el registro EEG intracraneal crónico de los cerebros de 37 pacientes equipados con implantes NeuroPace, confirmó las observaciones clínicas y de investigación previas de los ciclos diarios en el riesgo de sufrir crisis epilépticas, explicando por qué muchos pacientes tienden a experimentar crisis en la misma franja horaria del día. El sistema RNS (responsive neuro stimulation) es un estimulador eléctrico cerebral implantable de ciclo cerrado aprobado por la FDA para detectar y tratar epilepsias focales y ha permitido
una oportunidad sin precedentes para monitorizar la actividad del cerebro humano
con registros de EEG intracraneal contínuos durante muchos años.

El estudio también reveló que la hiperexcitabilidad cerebral, definida por la presencia de actividad epileptiforme entre las crisis, aumenta y disminuye en ciclos mucho más largos que los diarios, que duran semanas o incluso meses, de modo que resulta más probable que ocurran ataques durante la fase ascendente de estos ciclos más largos, justo antes del pico de actividad. Las longitudes de estos ciclos largos difieren de persona a persona, pero son muy estables durante muchos años en pacientes individuales.

Los investigadores muestran en el artículo que cuando coinciden las fases de mayor riesgo de los ciclos cricadianos o diarios con las de los ciclos más prolongados asociados a los marcadores de irritabilidad cerebral, las crisis son casi siete veces más probables de ocurrir que cuando estas fases no coinciden. Por lo tanto, la ocurrencia de las crisis está determinada
por ritmos biológicos subyacentes que operan sobre múltiples escalas de tiempo y modulan conjuntamente con los ritmos circadianos el riesgo de sufrir las crisis.

Esta información es particularmente relevante para desarrollar un nuevo enfoque que permita anticipar el riesgo de crisis individualmente, en cada persona, que podría permitir evitar actividades potencialmente peligrosas cuando el riesgo de ataque es mayor y tomar medidas preventivas (como medicación adicional) para reducir el riesgo de crisis, de forma similar a como las personas con asma saben que deben tener especial cuidado para llevar sus inhaladores cuando los niveles de polen son altos.

Sería comparable a la información que tenemos con el pronóstico del tiempo. En el pasado, el campo de la predicción de crisis se ha centrado en predecir el momento exacto en que ocurrirá una crisis, que es casi como predecir cuándo puede caer un rayo en una tormenta. Eso es bastante difícil si no intrínsecamente imposible en algunos tipos de crisis. Sin embargo, resulta de saber que hay una probabilidad del 10% de una tormenta esta semana, pero un 90% de posibilidades la próxima semana. Ese tipo de información te permite prepararte y coger el paraguas..…o en el caso de las crisis tomar las medidas adecuadas en cuanto a seguridad o incluso farmacológicas para tratar de evitarlas.

Para saber más:

1. Baud MO, Kleen JK, Mirro EA, et al. Multi-day rhythms modulate seizure risk in epilepsy. Nat Commun. 2018;9:1614.





3. Kalitzin S, Velis D, Suffczynski P, Parra J, da Silva FL. Electrical brain-stimulation paradigm for estimating the seizure onset site and the time to ictal transition in temporal lobe epilepsy. Clinical Neurophysiology. 2005;116:718–728.

4. Suffczynski P, Kalitzin S, da Silva FL, Parra J, Velis D, Wendling F. Active paradigms of seizure anticipation: computer model evidence for necessity of stimulation. Phys Rev E Stat Nonlin Soft Matter Phys. American Physical Society; 2008;78:051917.

domingo, 4 de marzo de 2018

¿Por qué los registros de EEG deberían incluir siempre fases de sueño?


El EEG es la prueba básica y más específica en el diagnóstico de la epilepsia. En su formato más básico, el EEG de rutina es de las primeras pruebas que se realizan a la hora de hacer un diagnóstico de epilepsia.
El primer EEG de rutina no siempre muestra anomalías epileptiformes que apoyen el diagnóstico de epilepsia.
Para aumentar las posibilidades de encontrar anomalías que apoyen el diagnóstico de epilepsia y aumentar así el rendimiento diagnóstico del EEG se trata de registrar periodos de sueño, así como periodos de hiperventilación y estimulación luminosa intermitente.
Un reciente estudio realizado en Estados Unidos con investigadores de la prestigiosa Clínica Mayo de Rochester ha evaluado la contribución de procedimientos de activación realizados en el EEG para poder facilitar la aparición de anomalías epileptiformes.
Más del 50% de los primeros registros sin sueño o procedimientos de activación resultaron normales. El rendimiento diagnóstico del EEG con estos procedimientos de activación fue mayor para los niños y adolescentes, de 1 a 19 años. El sueño es el procedimiento de activación más efectivo, resultando positivo en el 22% de los pacientes, especialmente en los  más jóvenes, y debe realizarse cuando sea posible. La posibilidad de encontrar anomalías epileptiformes durante la hiperventilación es menor en comparación con el sueño, con apenas el 8% de las anomalías epileptiformes en el primer EEG, siendo mayor en los niños y en las epilepsias generalizadas. Tan solo el 5% de las personas del estudio tuvieron anomalías  epileptiformes durante la estimulación luminosa intermitente en el primer EEG, siendo mayor en niños y en epilepsias generalizadas. 
Por todo ello, la tendencia es hacia la realización de EEGs más largos que incluyan periodos de sueño (videoEEG de sueño diurno o nocturno), aunque siempre debe de realizarse la hiperventilación y la estimulación luminosa intermitente ya que aportan datos muy relevantes en la caracterización del tipo de epilepsia.
Para saber más: Baldin, E. (2017). Utility of EEG Activation Procedures in Epilepsy: A Population-Based Study. Journal of Clinical Neurophysiology : Official Publication of the American Electroencephalographic Society, 34(6), 512–519.