domingo, 12 de junio de 2016

Complicaciones metabólicas en personas con epilepsia


El llamado síndrome metabólico es una concurrencia de alteraciones en el metabolismo de la glucosa y de la insulina, alteraciones del colesterol y otras grasas en la sangre (dislipidemia leve) que llevan a profundos cambios en la distribución de la grasa abdominal, sobrepeso y al desarrollo de hipertensión. Finalmente estos cambios pueden llevar al desarrollo de diabetes mellitus tipo 2 y aumentar el riesgo de enfermedad cardiovascular.
Este conjunto de alteraciones metabólicas es frecuente en personas con epilepsia, según un estudio observacional publicado recientemente. De 183 personas con epilepsia de entre 20 y 49 años, casi uno de cada tres de ellos padecían estas complicaciones derivadas en gran parte del tratamiento de la epilepsia, siendo el uso del ácido valproico el factor de riesgo más importante para su desarrollo. El riesgo de padecerlo también aumenta con la edad. Estos hallazgos son relevantes dado que estudios previos también han reportado un aumento de la morbilidad y la mortalidad cardiovascular en personas con epilepsia, y este síndrome metabólico podría estar relacionado con el incremento de este riesgo.

Para saber más:
Nair SS, et al. Metabolic syndrome in young adults with epilepsy. Seizure: European Journal of Epilepsy. BEA Trading Ltd; 2016 Apr 1;37:61–4.
Lakka H, Laaksonen DE, Lakka TA, et al. The Metabolic Syndrome and Total and Cardiovascular Disease Mortality in Middle-aged Men. JAMA. 2002;288(21):2709-2716. doi:10.1001/jama.288.21.2709.


sábado, 4 de junio de 2016

Nueva clasificación oficial de tipos de crisis…en camino!


La Liga Internacional contra la Epilepsia (ILAE) está elaborando una nueva clasificación de los tipos de crisis epilépticas y ha estado circulando en los dos últimos meses entre los epileptólogos de la comunidad internacional para que se pudieran implementar cambios y comentarios acertados. Esta nueva versión de la clasificación de crisis viene a actualizar a la clasificación que estaba vigente desde 1981, y trata de armonizar los términos que usamos con el conocimiento actual que tenemos del desarrollo de las crisis.
La división principal propuesta actualmente es entre las llamadas crisis focales y las generalizadas. El trastorno de conciencia o desconexión que acompaña a muchas crisis focales se mantiene como un elemento importante, pero desaparece el término de “crisis parcial compleja”. Además se incluyen nuevos tipos de crisis generalizadas como las ausencias con mioclonías palpebrales, la ausencia mioclónica, entre otros.

Las crisis epilépticas tienen un repertorio de manifestaciones clínicas muy amplio y diverso, y por eso es tan importante poder encontrar nombres adecuados que puedan transmitir en pocas palabras la esencia de las características clínicas de cada tipo de crisis. El lograr hablar un lenguaje común es crucial para poder avanzar en el diagnóstico y el tratamiento de este síntoma, la crisis epiléptica, que constituye el elemento cardinal y definitorio más importante de muchas enfermedades que llamamos conjuntamente epilepsia. Por eso es muy importante este avance….tras más de 35 años ….un paso adelante en la clasificación de las crisis epilépticas!

Para saber más:



Fisher RS et al. Operational Classification of Seizure Types by the International League Against Epilepsy . Epilepsia. En prensa.

viernes, 20 de mayo de 2016

¿Ha mejorado la prevención de la epilepsia en los últimos 40 años?


Pues parece que no…. a juzgar por un reciente estudio epidemiológico, la epilepsia en la población anciana se ha multiplicado por 5.

Un reciente estudio publicado en la revista JAMA Neurology (1), estima que no sólo no hemos conseguido frenar el crecimiento de la epilepsia de nuevo comienzo, sino que los casos han aumentado en los últimos 40 años. ¡Así que aún queda mucho por hacer!

Los investigadores analizaron la tasa de incidencia de epilepsia de inicio (personas con epilepsia por 100.000 personas-año) en Finlandia desde 1973 a 2013. Para ello, utilizaron el registro finlandés de altas hospitalarias, que monitorizó a más de 5 millones de personas en un periodo de seguimiento de 40 años, un periodo notablemente extenso. Los investigadores identificaron a 100.792 individuos con un primer ingreso hospitalario relacionado con epilepsia y reportaron una incidencia global de 50 casos por 100.000 personas-año.

El hallazgo más importante del artículo es que la incidencia anual de epilepsia de reciente comienzo fue constante para todas las edades hasta el año 2000, mientras que a partir de este año se registró un aumento significativo de casos nuevos de epilepsia, explicado principalmente por la multiplicación por 5 de la tasa de epilepsia en mayores de 65 años. Otros subgrupos, como los niños menores de 1 año de edad y las personas con una epilepsia focal sintomática (por ejemplo tras traumatismo craneal), también mostraron una mayor incidencia durante el intervalo del estudio. Para los pacientes con epilepsia focal, las tasas de incidencia aumentaron de 7 por 100.000 personas-año en 1978 a 39 por 100.000 personas-año en 2013.

La conclusión es que no sólo no se ha podido reducir la incidencia de epilepsia en los últimos 40 años, sino que ha habido un aumento significativo de hasta 5 veces más de epilepsia de nuevo comienzo entre la población anciana.

¿Cómo podemos explicar estos resultados? Por un lado, en los últimos 40 años, han habido enormes avances en el cuidado de la enfermedad neonatal y los pacientes en estado crítico, lo que ha llevado a conseguir una mayor supervivencia de las personas con lesiones cerebrales severas capaces de desarrollar epilepsia.

Por ejemplo, el aumento de la supervivencia de aquellas personas que han desarrollado epilepsia tras sufrir heridas graves en la cabeza, como las secundarias a un accidente de tráfico y el aumento de la supervivencia de los recién nacidos prematuros, constituyen ejemplos de estas condiciones que acaban desembocando en epilepsia. En cierto sentido, el aumento de la epilepsia sería el precio pagado por los espectaculares avances de la medicina de cuidados críticos.

Además, los datos son el reflejo del importante cambio demográfico que están experimentando muchas naciones desarrolladas, con un marcado aumento en la esperanza de vida media de los ancianos, lo que conllevará una mayor carga de factores de riesgo para desarrollar epilepsia.

Al otro lado de la balanza, se encuentra la carencia actual de intervenciones médicas documentadas para evitar que pacientes con alto riesgo de desarrollar epilepsia acaben desarrollando este trastorno. Por consiguiente, si queremos conseguir equilibrar la creciente supervivencia de pacientes con lesión cerebral y el progresivo envejecimiento de la población, continúan siendo especialmente necesarios el desarrollo de esfuerzos destinados a conseguir la identificación precoz de pacientes con alto riesgo de desarrollar epilepsia e iniciar tratamientos clínicos que permitan prevenir el desarrollo de la epilepsia.


1.-Sillanpää M, Gissler M, Schmidt D. Efforts in Epilepsy Prevention in the Last 40 Years. JAMA Neurol. American Medical Association; 2016;73:390–396.



domingo, 6 de marzo de 2016

La eficacia del Mindfulness para personas con epilepsia



La terapia de Mindfulness puede mejorar la calidad de vida de personas con epilepsia refractaria al tratamiento.

Si bien en la última década hemos ampliado considerablemente nuestra comprensión de las consecuencias psicológicas de la epilepsia, y la reducción en la calidad de vida, aún no comprendemos bien esta interacción.

La mayoría de los médicos que tratan personas con epilepsia concentran su tratamiento en conseguir la reducción de crisis, con el riesgo de que los trastornos anímicos, psiquiátricos y cognitivos que experimenta el paciente se queden al margen de la consideración terapéutica. La atención de estos aspectos sigue siendo la excepción más que la regla en la práctica médica de hoy en día. A menudo, las indicaciones de los pacientes de que la frecuencia de crisis aumenta en situaciones de más estrés no son seguidas de recomendaciones específicas y sugerencias sobre cómo cambiar el estilo de vida para evitar este tipo de situaciones y aprender a manejar mejor estas situaciones que pueden desencadenar crisis. Además, hay que poder comprobar si el paciente ha entendido todos los aspectos de su epilepsia y ha aceptado este diagnóstico, no sólo a nivel intelectual sino también a nivel emocional.

En este contexto, conviene recordar que intervenciones no-farmacológicas pueden mejorar varios aspectos de la epilepsia, mejorando directamente la calidad de vida de las personas con epilepsia.

Un enfoque no farmacológico potencialmente útil para las personas con epilepsia es la terapia Mindfulness que enfatiza la conexión entre la mente y el cuerpo, un concepto proveniente de la cultura china y cuyo punto fuerte reside principalmente en su capacidad para ayudar a las personas a entender y aceptar su enfermedad. Además, en el caso de la epilepsia, puede proporcionar recomendaciones de estilo de vida que les puede ayudar a manejar mejor situaciones de estrés que pueden desencadenar las crisis.

Recientemente, investigadores de Taiwan y Australia, liderados por el Dr. Patrick Kwan, han publicado en la revista Neurology los resultados de un estudio sobre la eficacia de una terapia basada en Mindfulness en personas con epilepsia. Su principal objetivo es ayudar a pacientes a aceptar todas las molestias y dolencias relacionadas con su epilepsia, tanto las síntomas físicas como las psicológicas.

Investigaron la eficacia sobre la calidad de vida de 60 pacientes chinos con epilepsia refractaria, y sobre síntomas relacionados como depresión, ansiedad, frecuencia de crisis y memoria. Los 60 pacientes fueron divididos en 2 grupos de 30 personas, un grupo fue tratado con sesiones de Tratamiento psicoterapéutico basado en Mindfulness, mientras que el otro grupo recibió sesiones de Soporte Social.

La terapia de Mindfulness consistió en cuatro sesiones de grupo quincenales de 2,5 horas dirigidas por un psicólogo. Durante las sesiones, los pacientes recibieron entrenamiento en técnicas de Mindfullness, como la respiración y la relajación y se animó a practicarla al menos 45 minutos al día. Los pacientes aprendieron a reconocer y aceptar, en lugar de evitar sentimientos asociados con las crisis como el miedo y la ansiedad.

En contraste con los pacientes que recibieron la terapia de Soporte Social, los pacientes en el grupo que recibieron terapia Mindfulness mostraron un mayor aumento en la puntuación de escalas de calidad de vida, una mayor reducción en frecuencia de crisis y ansiedad y una mejora en memoria verbal. También se notaron mejoras en depresión, severidad de las crisis y memoria no-verbal, pero éstas eran comparables para ambos tratamientos, sin diferencias significativas entre ellos.

Estos resultados aportan evidencia de que este tipo de terapia puede mejorar la calidad de vida de pacientes con epilepsia refractaria.

Esta terapia puede centrarse en uno de los aspectos más limitantes de las crisis: su imprevisibilidad.

Una de las consecuencias más importantes que cada persona con epilepsia y su familia debe afrontar cuando se diagnostica epilepsia es precisamente la que la mayoría de ellos intenta evitar: la confrontación con la pérdida de la previsibilidad en su vida, ya que ningún médico puede asegurar un 0% de riesgo de recurrencia de las crisis.

La falta de aceptación de esta pérdida de previsibilidad afecta a muchos aspectos de la vida de la persona con epilepsia, y dificulta o impide la aceptación del diagnóstico de epilepsia. Sin duda, estos aspectos influyen negativamente en la vida de las personas con epilepsia, más aún cuando se trata de una epilepsia fármaco-resistente. La terapia con Mindfulness puede ayudar a mejorar estos aspectos tan importantes en la calidad de vida de las personas con epilepsia.



Para saber más:

V. Tang, W.S. Poon, P. Kwan. Mindfulness-based therapy for drug-resistant epilepsy: an assessor-blinded randomized trial. Neurology 2015;85:1100-1107.


Ver también editorial por el Dr. Kanner en: