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sábado, 29 de julio de 2017

¿Flora intestinal que causa lesiones cerebrales y epilepsia? El caso de los cavernomas






Nuestro sistema digestivo posee muchísimas conexiones nerviosas que regulan su funcionamiento, tal que se ha llegado a denominar “nuestro segundo cerebro”. La influencia de nuestras vísceras en nuestro comportamiento van más allá de la sensación placentera que causa una buena comida o la reflejada en la común expresión “tener un comportamiento visceral”. De hecho, las conexiones entre ambos cerebros son objeto de intenso estudio desde hace varios años y se han convertido en un importante objetivo terapéutico en busca de nuevos tratamientos.

Recientemente un artículo publicado en la revista Nature, ha identificado un vínculo directo entre nuestra flora intestinal y la presencia de cavernomas cerebrales, malformaciones vasculares que causan epilepsia con mucha frecuencia.

Los investigadores han llegado a la conclusión de que las bacterias del microbioma intestinal (las bacterias que habitualmente residen en nuestros intestinos) influyen en la formación de cavernomas cerebrales. Los cavernomas o hemagiomas cavernosos son ovillos de vasos sanguíneos anormales, que contienen sangre en distintos estadios de trombosis y que son una causa frecuente de crisis epilépticas, y pueden sangrar y causar déficits neurológicos focales. Son el segundo tipo más común de lesión vascular en el sistema nervioso central, comprendiendo el 10% -15% de todas las malformaciones vasculares y están asociados con crisis en el 40-70% de los casos.

Hasta ahora se conocía que los cavernomas se pueden producir de forma esporádica, en cuyo caso se suele tener una única malformación y que aproximadamente el 20% de los casos se debe a una forma de cavernoma familiar. Estos pacientes pueden desarrollar hasta cientos de cavernomas. Que sea familiar indica un marcado componente genético, pero uno de los misterios del cavernoma familiar es que incluso en pacientes con las mismas mutaciones, el curso clínico es muy variable, mucho más que en otras enfermedades genéticas. Un paciente puede no tener lesiones a los 70 años, mientras que otro con la misma mutación puede tener cientos de ellas a los 10 años de vida. Estos hechos apuntan hacia componentes ambientales muy importantes.
 
Gracias a dos observaciones fortuitas, el equipo ha llegado a la conclusión de que la exposición a lipopolisacáridos (LPS) de bacterias gram negativas del intestino puede provocar la enfermedad en ratones que llevan las mismas mutaciones que las que causan la enfermedad en humanos. Esto puede explicar la gran variabilidad clínica entre pacientes con la misma mutación, y abre la puerta para nuevas terapias preventivas que involucren la modificación del microbioma.

Todo empezó cuando el laboratorio con los ratones con predisposición a desarrollar cavernomas cambió de edificio. Al continuar los experimentos, que incluían la inyección intraperitoneal de tamoxifen para inducir la expresión de genes mutantes, estos ratones no desarrollaron cavernomas como era de esperar.

Observaron que los que sí desarrollaron lesiones también tenias abscesos peritoneales, que probablemente se debían a que la aguja de tamoxifen había pasado accidentalmente por el intestino. Esto fue una gran pista, ya que no podía ser fruto de la casualidad.

Encontraron que el responsable de este efecto era el lipopolisacárido de membrana producido por la bacteria gram negativa, Bacteroides fragilis. Después inyectaron LPS en los ratones mutantes resistentes a cavernomas del nuevo edificio, que entonces sí desarrollaron lesiones. Todavía no se sabe qué era diferente de ambos edificios, pero podría ser que el nuevo edificio estaba más limpio y tenía menos fuentes de B.fragilis.

 
Los cavernomas se forman en el cerebro debido a mutaciones heredadas o adquiridas en cualquiera de estos 3 genes: KRIT1, CCM2 o PDCD10. Estos tres genes codifican cada uno para distintos componentes de las células endoteliales cerebrales. Este complejo inhibe la vía de señalización del gen MEKK3, que regula el desarrollo vascular. Si el complejo no es funcional debido a una mutación en cualquiera de los tres genes, eso lleva a una activación excesiva de la vía MEKK3 y el desarrollo de malformaciones vasculares.

LPS interacciona con el receptor TLR4 del sistema inmune innato para producir inflamación y otras respuestas celulares de defensa. TLR4 se encuentra en la superficie de células de mamíferos, incluidas las del endotelio vascular cerebral. Variantes de TLR4 habían aparecido previamente en un estudio genómico de pacientes con cavernoma familiar como un factor de susceptibilidad a la enfermedad. Al bajar el nivel de TLR4 en ratones mutantes pudieron reducir el desarrollo de lesiones en gran medida, indicando así que LPS actúa a través de TLR4.

El modelo propuesto por los investigadores es que las bacterias intestinales liberan LPS, que entra en el torrente sanguíneo y activan TLR4 en la superficie de los vasos sanguíneos en el cerebro. La señal de TLR4 entonces induce la señal de MEKK3. El LPS en pequeñas cantidades normalmente no lleva a malformaciones vasculares, porque en este complejo que regula las células endoteliales se inhibe la vía MEKK3. Pero cuando uno de los genes está mutado, ya no hay inhibición de MEKK3, y la exposición a LPS puede causar la proliferación de estos cavernomas.

Lo que se piensa que pasa en personas con la forma familiar de la enfermedad, que nacen con una copia mutada de un gen que forma el complejo CCM, es que las células funcionan bien siempre que la otra copia funcione. A lo largo de la vida, en un número de células endoteliales, se puede inactivar la última copia funcional del gen, y entonces esa célula será deficiente para el complejo CCM, y es cuando se empezaría a desarrollar la enfermedad.

En cuanto a las grandes diferencias en manifestaciones clínicas en personas con la misma mutación, probablemente se deban a diferencias en el microbioma. Si se caracterizan estas diferencias y se identifican las bacterias que tienen una función protectora, se podría ayudar a alguien con la mala suerte de tener una población microbiana negativa, tratarles con antibióticos o un transplante fecal para proporcionarles una flora intestinal diferente. Podría ser una terapia para toda la vida, y una fuente de esperanza para aquellas personas con cavernomas hereditarios.

En este caso de los cavernomas, la influencia del segundo cerebro sobre el primero resulta bien probada y consistente, ya que el microbioma condiciona la presencia de la molécula que activa al receptor en el endotelio cerebral, y por tanto la conexión es directa. Habrá que seguir investigando para ver en cuantas otras enfermedades cerebrales se puede encontrar una relación tan directa.


Para saber más:

Tang AT et al. Endothelial TLR4 and the microbiome drive cerebral cavernous malformations. Nature. 2017;545:305–310. http://www.nature.com/doifinder/10.1038/nature22075

Mind-Gut Connection . How the hidden conversation within our bodies impacts our mood, our choices and our overall health. Mayer E. Harper Collins, Nueva York 2016.

lunes, 24 de abril de 2017

Llevo ya sin crisis un tiempo con tratamiento……¿estará resuelta mi epilepsia?


Llevo ya sin crisis un tiempo con tratamiento……¿estará resuelta mi epilepsia?


Esta es una de las preguntas más frecuentes que hacen los pacientes...y ¡es de las más difíciles de contestar! 
La cuestión de cuándo la epilepsia se puede considerar resuelta es un gran reto, y siempre, siempre, debe ser abordada de forma individual y personalizada. Las causas de la epilepsia son múltiples por lo que el pronóstico y la evolución es variable de persona a persona.

No obstante, estudios epidemiológicos amplios como el estudio finlandés publicado en la revista Epilepsia (1) nos ofrecen una visión global y orientativa de la situación que puede servirnos de marco general para la toma de decisiones a nivel personal.

La cuestión es que, más allá de ciertos síndromes específicos de epilepsia autolimitada a ciertos periodos de la vida, como la llamada  epilepsia rolándica de la infancia con puntas centrotemporales, tras un periodo libre de crisis.. ¿Cómo puede uno estar realmente seguro de que las crisis no volverán a ocurrir? ¿Cuánto tiempo tiene que esperar antes de considerar la epilepsia para ser considerado como un problema pasado?

La Liga Internacional contra la Epilepsia (ILAE, por sus siglas en inglés) ha propuesto recientemente considerar la epilepsia como “resuelta” en el caso de aquellas personas que tenían un síndrome epiléptico dependiente de la edad y ya han superado con creces la edad de riesgo y para aquellas personas que han permanecido libres de crisis durante los últimos 10 años, de los cuales al menos los últimos 5 años deben ser sin tratamiento farmacológico (2). Esta definición se basa, sin embargo, en un consenso entre expertos, ya que hay pocos datos publicados al respecto que respalden con evidencias contundentes estos plazos arbitrarios.

Por razones obvias que incluyen, por ejemplo, la conducción, el empleo en ciertas ocupaciones, la asegurabilidad, etc., son cruciales los criterios y las estimaciones del riesgo de reaparición de nuevas crisis porque estos problemas tienen un impacto significativo en la calidad de vida de las personas con epilepsia y sus familias.

El estudio finlandés radicado en Turku se basa en una cohorte poblacional de epilepsia de inicio en la infancia que ha sido seguida durante 50 años. Estas características ofrecen una oportunidad única para comparar la robustez y fiabilidad de las diferentes definiciones de remisión en epilepsia. En concreto, los autores siguieron a 245 pacientes de 15 años o menos que vivían en la zona de referencia del Hospital Universitario de Turku a finales de 1964 y habían sido diagnosticados de epilepsia.

Tras este prolongado seguimiento  (mediana de 44 años), 117 (79%) de 148 sujetos estaban en remisión de 5 años con o sin fármacos y 98 (66%) de 148 sujetos en 5 años de remisión terminal. 

Tomados en conjunto, los datos indican que cuanto más tiempo una persona se mantenga sin crisis, mayores serán las posibilidades de permanecer así, pero….., aparte de ciertos síndromes específicos autolimitados asociados al desarrollo, el riesgo de nuevas crisis nunca llega a ser nulo. No obstante, puede predecirse con cierta fiabilidad que una persona va a permanecer con el menor riesgo de recaída posible con o sin tratamiento cuando han transcurrido 10 años sin nuevas crisis. La evaluación del riesgo basada en 2 y 5 años es menos fiable. Sin embargo, en los pacientes sin crisis en este estudio, la prolongación del tiempo de seguimiento de 5 a 10 años no mejoró significativamente la estimación del riesgo de recaída, que se encuentra en este estudio entre el 10% y el 30% para los pacientes con o sin fármacos después de 10 años de remisión y entre 5% y 20% para los pacientes sin FAEs después de 5 años en remisión.

A pesar de ser una importante contribución que ilumina puntos oscuros de este tema tan falto de datos, el estudio adolece de ciertas limitaciones que hay que tener bien presentes para valorar en su contexto estos resultados. Una de ellas hace referencia a las diferencias que había en el diagnóstico y en el tratamiento de la epilepsia en los años 60 respecto a los cánones actuales. También, el tamaño de la muestra es relativamente pequeño y no permite el análisis de subgrupos del riesgo de recaída, que aportaría información muy relevante. Además, y muy importante, la población del estudio se limitó a la epilepsia de inicio en la infancia, mientras que la epilepsia de inicio en el adulto puede tener un pronóstico diferente. Finalmente, la decisión de permanecer en tratamiento se hizo por razones clínicas y no por un protocolo estandarizado. Muchas personas sin crisis y con tratamiento prefieren seguir tomándolo antes que arriesgarse a tener una nueva crisis.

A pesar de estas limitaciones, el estudio muestra de forma creíble que la remisión a largo plazo puede establecerse con razonable seguridad después de 5 años sin crisis con los últimos 2 años sin tratamiento farmacológico, sin necesidad de esperar a los resultados de la remisión de 10 años. En cualquier caso, hay que recordar que estas decisiones deben ser hechas de forma individual y personalizada. 

Referencia:

Sillanpää, et al. (2017). Remission in epilepsy: How long is enough? Epilepsia, 16(Suppl. 68), 657–6. http://doi.org/10.1111/epi.13732

Fisher, R. S., et al. (2014). ILAE Official Report: A practical clinical definition of epilepsy. Epilepsia, 55(4), 475–482. http://doi.org/10.1111/epi.12550

http://www.epilepsiamadrid.com/?p=13220

sábado, 14 de enero de 2017

Nuevos potenciales tratamientos en el síndrome de Dravet desarrollados a partir del modelo del pez cebra


En un gran ejemplo de lo que se espera de la llamada investigación traslacional (de laboratorio al paciente), investigadores de la Universidad de California en San Francisco han conseguido desarrollar nuevos tratamientos útiles en el síndrome de Dravet a partir del modelo animal del pez cebra. Los resultados han aparecido en la prestigiosa revista Brain (1).

El síndrome de Dravet es una epilepsia mioclónica infantil que tiene su comienzo en el primer año de vida con crisis febriles prolongadas. Posteriormente aparecen otras crisis sin fiebre generalmente difíciles de tratar y se asocian a un retraso en el desarrollo cognitivo.
Ver: http://www.epilepsiamadrid.com/que-es-el-sindrome-de-dravet/

Su causa radica principalmente en mutaciones de novo de los genes que codifican el gen SCN1A, relacionado con los canales de sodio de las neuronas.

La manipulación del gen SCN1A en el pez cebra consigue provocar actividad epiléptica espontánea en estos animales y provocarles movimientos convulsivos, siendo un excelente banco de pruebas para testar nuevos tratamientos con mayor especificidad teórica para pacientes con este síndrome.

De los primeros éxitos de este modelo animal han resultado la identificación de nuevos potenciales tratamientos. Uno de ellos, el clemizol, es un antihistamínico de primera generación descubierto en la década de 1950, que se encuentra descatalogado en la actualidad. Siguiendo esta vía se
identificó dos compuestos moduladores de la serotonina (5-HT), trazodona y lorcaserina, capaces de suprimir las crisis en el modelo del pez cebra de forma comparable al clemizol. Lorcaserina es un agonista HTR2C aprobado por la FDA y la EMA, prescrito para el control crónico del peso. Trazodona es un antidepresivo aprobado también por las agencias reguladoras comúnmente recetado para trastornos del sueño. Cabe destacar que el tratamiento crónico con trazodona se demostró anteriormente como una protección frente a las convulsiones inducidas por electroconvulsión en ratones, apoyando los datos obtenidos en estos peces cebra mutantes. Además esta vía de la serotonina ya había sido reivindicada en el síndrome de Dravet con el uso de la fenfluramina con resultados muy esperanzadores en el control de las crisis en el síndrome de Dravet (http://www.epilepsiamadrid.com/nuevo-tratamiento-para-el-sindrome-de-dravet/)

Coincidiendo con estos resultados positivos en el pez cebra, se trataron con lorcaserina cinco niños de entre 7 y 18 años afectados de síndrome de Dravet intratable médicamente a más de 5 medicaciones previas. Se observaron algunos resultados prometedores en cuanto a la reducción de la frecuencia de convulsiones y su gravedad. La duración del tratamiento fue de entre 9 y 12 meses. La lorcaserina fue bien tolerada sin efectos adversos graves. Los cinco pacientes mostraron una reducción en el número total de convulsiones. El efecto secundario más común observado fue una disminución del apetito.

Estos hallazgos demuestran que es posible desarrollar un camino rápido de nuevos medicamentos con potencial eficacia clínica en el síndrome de Dravet desde el descubrimiento preclínico en el pez cebra, a través de la identificación de dianas terapéuticas específicas. Además estos fármacos exploran vías novedosas y en cierto modo alternativas y complementarias al tratamiento tradicional hasta ahora utilizado en el tratamiento de las crisis epilépticas.... una manera muy fructífera para desarrollar estrategias terapéuticas abiertas y sin prejuicios....desde "fuera de la caja" como dicen los anglosajones.

Obviamente, se necesitan más estudios y con una metodología más rigurosa para poder introducir fiablemente en la práctica clínica rutinaria el uso de estos fármacos o similares identificados a partir de estos modelos animales. En cualquier caso, siempre hay que consultar al especialista que maneja su caso antes de pensar en la conveniencia de incorporar estos tratamientos que aún se encuentran en un nivel experimental.

Para saber más:
1.- Griffin A, et al. Clemizole and modulators of serotonin signalling suppress seizures in Dravet syndrome. Brain. 2017 Jan 10;:aww342.