En el estudio las autoras entrevistaron a
personas con epilepsia de entre 18 y 60 años y con variedad de crisis
(tónico-clónica, parcial, ausencias, mioclónicas...).
Según los participantes, uno de los principales
motivos para practicar deporte es el impacto positivo que tiene sobre su salud
física y mental. Corroboran así estudios anteriores en los que se ha demostrado
que el ejercicio tiene efectos beneficiosos sobre el control de crisis,
disminuye los efectos secundarios asociados a la medicación, mejora el estado
de ánimo, reduce los niveles de estrés, aumenta el autoestima, va asociado a
una mayor interacción social y mejora la calidad de vida general.
Otro argumento importante es que los
participantes, al practicar deporte, tienen la sensación de que no están
permitiendo que la epilepsia rija su forma de vida y que están tomando el
control de su salud.
¿Pero cómo adaptar el deporte para que sea
seguro y satisfactorio? En primer lugar, es muy importante reconocer los
síntomas previos a una crisis, así como los potenciales desencadenantes de una
crisis. Para algunos puede ser el sobrecansancio o el haber dormido mal la
noche anterior, para otros el entrenamiento con pesas, el sobrecalentamiento…
Saber lo que puede provocar una crisis permite adaptar el tipo de ejercicio y
su intensidad para prevenir que ocurra.
La preocupación sobre las crisis provocadas por
ejercicio de alta intensidad es muy común. Algunos participantes afirman ver
una relación directa entre el aumento de la intensidad de ejercicio y una mayor
frecuencia de crisis. En este aspecto, tecnologías como los monitores de ritmo
cardíaco pueden ser de gran ayuda, ya que muchos de estos aparatos se pueden
programar para que suene una alarma al sobrepasar un máximo de pulsaciones que
se considera seguro. Esto permite saber cuándo la persona está forzando sus límites,
bajar la intensidad y evitar una posible crisis.
Otro desencadenante de crisis puede ser el
sobrecalentamiento. En este caso, las medidas preventivas pasan por elegir
horas del día menos calurosas para hacer deporte, utilizar un termómetro y
tener a mano packs de hielo para rebajar la temperatura.
Finalmente,
el apoyo social es un factor clave de la motivación, mientras que la falta de
apoyo social constituye la principal barrera. Participar en deportes junto con
compañeros de equipo, amigos o familiares permite a las personas con epilepsia
sentirse seguros haciendo ejercicio. Este tipo de apoyo aumenta mucho la
confianza en uno mismo y la motivación para hacer ejercicio. No obstante, algunos
participantes reportaron experiencias negativas al hacer deporte en grupo,
derivadas del desconocimiento de la epilepsia.
Otro obstáculo
mencionado fue la división de las recomendaciones médicas en este aspecto. Los
participantes afirmaron que la mayoría de los profesionales médicos no les
recomendaban de forma directa hacer deporte para su bienestar físico y
psicológico; otros lo desaconsejaban explícitamente y algunos pocos lo
fomentaban. En muchos casos, el paciente sentía que no podía tratar el tema con
su neurólogo por falta de tiempo. Ya que las recomendaciones medicas al
respecto son tan variables, es importante educar a los profesionales médicos
sobre las mejores prácticas de ejercicio para personas con epilepsia.
Estas entrevistas han arrojado nueva luz sobre
las adaptaciones que utilizan las personas con epilepsia para sobrepasar las
barreras más comunes a la práctica de deporte. Aunque el estudio sea limitado por el bajo
número de participantes, proporcionar a las personas con epilepsia una voz
dentro del estudio ha permitido un mayor reconocimiento de que el ejercicio es
muy beneficioso y que la adaptación para personas con epilepsia necesita ser
explorada en mayor detalle para poder dar una mayor calidad de vida.
Para saber
más:
1. Collard SS y
Ellis-Hill C. How do you exercise with epilepsy? Insights into the barriers and
adaptations to successfully exercise with epilepsy. Epilepsy Behav.
2017;70:66–71.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario